“El feminismo está de moda” esta oración comúnmente se usa cuando alguien empieza a abordar temas como los feminicidios, el acoso en el transporte y la aceptación del cuerpo. Asimismo, generalmente dicha frase se utiliza como una calumnia que sugiere que un movimiento que lleva siglos vigente es algo pasajero; sin embargo, según el Diccionario de la Real Academia, una de las acepciones de ‘moda’ es algo “que en un momento determinado goza de destacada aceptación”. Algo de lo que ha carecido el feminismo, desde el siglo XIII (o seguramente antes) hasta el día de hoy, es de aceptación.

Para un gran y alarmante número de personas el feminismo, al menos en México, es algo completamente desconocido, que atenta contra todo lo que han creído y hecho toda su vida, por ende, lo primero que hacen, casi como un reflejo o un mecanismo de defensa, es rechazarlo y atacarlo, o bien, entenderlo en términos del sistema al que se opone: el heteropatriarcado. La verdadera moda, en este caso, es la ignorancia.

Y seamos honestxs, esto no es sólo un comportamiento típico del anti-feminista o del macho promedio y tampoco significa que ser feminista te quita lo ignorante. No nacimos sabiendo, nos acompleja que nuestra falta de conocimiento quede expuesta frente a los otros, es por ello que solemos (sí, tú, ellxs y yo) menospreciar lo que no conocemos con tal de ocultar que no sabemos. No nos gusta que nos ataquen ni que nos expongan. Aún peor, nadie soporta que lx acusen de machista, misógino, u homófobo. ¿Cómo nos atrevemos a llamarlxs así si ellxs quieren mucho a sus mamás y a sus hermanas? ¡Hasta tienen amigos gays! Lo que pasa es que ya no se nos puede decir nada porque luego, luego nos ofendemos.

Esta hostil actitud heteronormada en sus distintas variantes todxs alguna vez la tuvimos, o tal vez todavía la tenemos o la tendremos. Es feo y es triste, pero también es un comportamiento que todxs podemos llegar a tener, porque nos guste o no, así nos educaron a todxs y de alguna u otra manera lo hemos interiorizado y reproducido.

Por ello, es importante aclarar que asumirte feminista o aliado no es levantarte un día completamente deconstruido (sic), e ir por la vida señalando con el dedo a todos los machos alineados que se te ponen enfrente (aunque sí hay que hacerlo, pero hay varias maneras, cada quién elije cómo y cuándo llevarlas a cabo, pero ese es otro tema), asumirte feminista es, antes que cualquier otra cosa, reconocerte machista, racista, clasista, homófobo, gordófobo y transfobo, es reconocer que te han violentado o discriminado y que tú también has violentado o discriminado incluso inconscientemente; es admitir que no sabes, pero quieres desaprender, aprender y entender.

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No se trata de sentirte culpable o de echarle la culpa a los demás por tu oscuro pasado heteronormado machista y discriminatorio. Ser feminista tampoco quiere decir que eres bueno o eres malo; estas categorías y jerarquías, además, provienen del sistema que se intenta abolir. Insisto, ser feminista no te hace superior, más inteligente, más estable, ni mejor persona, pero sí te hace críticx y consciente de ti mismx y de lo que te rodea, y depende de ti que así sea.

Y lo más importante, el feminismo no te va a salvar, léase, no te va a redimir de nada. Así como existe el ya muy desgastado estigma sobre el feminismo, también existe su idealización, y hay que tener mucho cuidado de no caer en un fanatismo que nos lleve a confundir el feminismo con una redención o un salvamento. Para empezar ya no podemos seguir pensando en un solo feminismo. Hay varios y ninguno es mejor que otro, ninguno es más feminista que otro. Esto no es una competencia, es más bien un cuestionamiento constante de uno mismo y, por ende, del movimiento.

Que el feminismo haya logrado algunos de sus objetivos no significa que esté acabado o que sus objetivos sean únicos y permanentes; todo el tiempo se está construyendo y fragmentando, ya que tiene que adaptarse a los nuevos conflictos que se van presentando: la violencia y la opresión se reactualizan de una manera a veces tan sutil que es imperceptible. De ahí la necesidad de cuestionar y criticar todo el tiempo la praxis feminista, de modo que no caiga en oposiciones parcas provenientes del sistema patriarcal que excluyen y buscan jerarquizar tanto a los distintos grupos que conforman el feminismo, como a sus miembros.

Ésta es pues, una invitación abierta para que pongamos el feminismo de moda, así como su autocrítica y discusión constante. El cuestionamiento de nuestras propias prácticas tiene que ser algo permanente, no podemos dar por hecho que por ser feministas somos “lxs buenxs” (sic) y los demás “lxs malxs”. El feminismo es una lucha, pero también una discusión, un diálogo, una crítica y una retroalimentación que, como feministas y como aliados, hay que establecer todos los días.

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Melissa Betanzo

Melissa Betanzos, estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Entusiasta de la comida y los perritos, como todo el mundo

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