La siguiente es la transcripción de la participación de Guiomar Rovira (académica de la UAM-X nacida en Cataluña) en el Conversatorio titulado “La revuelta catalana: soberanías y nuevos sujetos emancipadores”, realizada en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM el pasado 26 de octubre.


Pese al frío y el cansancio voy a intentar hacer mi aportación. Primero lanzar una reflexión más teórica sobre la importancia de las luchas sociales y el cambio de paradigma en el sentido, ya desde hace muchísimos años, de que las luchas no nada más son por la redistribución de la riqueza sino que las luchas por el reconocimiento cultural, por los derechos, por las diferencias, por la pluralidad, son una realidad imperiosa y en este caso imprescindible para entender lo que pasa en Cataluña.

Quiero empezar con una pequeña historia personal porque a veces no se acaba de entender desde México qué es esto de ser catalán ¿si no son españoles? Yo soy catalana, llevo veinticuatro años en México, ahora soy mexicana, por supuesto, y no pido permiso a nadie para ser mexicana, aunque ya tengo el permiso del Estado mexicano que me costó lo mío. ¿Por qué les cuento esto? Porque cuando yo nací y cuando nació por ejemplo también Mikel teníamos una dictadura en España. Entonces en mi familia mis padres hablan en catalán, yo hablaba catalán, aprendí a hablar en catalán y fui a la escuela. En la escuela el catalán estaba prohibido. Era una lengua que no se podía usar. Lo digo para que vayan entendiendo cuál es el agravio histórico que se siente, una especie de sentimiento que está presente en las luchas por el reconocimiento cultural, por el derecho a ser lo que somos y a desarrollar esa vena de lo que somos.

Aprendimos a leer y escribir en castellano en un régimen franquista, en un régimen autoritario, un fascismo, y el catalán era la lengua de estar por casa, la que usabas con la familia, la que no servía para escribir, la que no podías leer. Para mí es una especie de mutilación que te hagan eso con la lengua. Yo pude entender el dolor y la dificultad de los pueblos indígenas en México que se enfrentan muchas veces a esa disminución, a tener una lengua de segunda, a tener una cultura y una identidad que es considerada con menos valor que otra y la necesidad imperiosa de poder hablar en nuestra lengua, de poder afirmar esa singularidad, esa diferencia, esa otra forma de estar en el mundo que es ni más ni menos la que representa también a tus ancestros.

Y no es un tema esencialista, no tiene que ver con una esencia, con una raza, sino que tiene que ver con una idea que me parece importante: distinguir lo que es un Estado de lo que es una nación. Muchas veces confundimos lo que es una forma de administración económica y política que es la forma Estado, que es una forma moderna y sobre todo capitalista en este momento, de lo que son las nacionalidades, las naciones culturales.

Por supuesto que en América Latina tenemos enormes referentes de esta reflexión. Incluso tenemos el reconocimiento dentro de los Estados de la plurinacionalidad de sus territorios. Piensen que esta idea de plurinacionalidad es el reconocimiento de la diferencia interna dentro de una comunidad organizada políticamente en la forma Estado.

En Cataluña lo que ocurre es que es una comunidad diferenciada, una nación distinta dentro de un aparato administrativo político que es un Estado-nación, un Estado que sólo admite una nación. Lo que quiere decir una identidad cultural que es un idioma que también marca una serie de prerrogativas legales. El Estado español está compuesto por distintas nacionalidades. Las naciones históricas son el País Vasco (Euskadi), Galicia y Cataluña.

¿Por qué les cuento eso? Porque en el fondo es importante reconocer que la necesidad de canalizar la energía social de la reivindicación cultural está siempre presente en los movimientos de emancipación. La reivindicación de las diferencias, de las pluralidades.

Pienso que lo ocurre en Cataluña tiene mucho que ver con la crisis que se vivió en el 2008. El recorte además de todo lo que les han contado, de ésta progresiva negación por parte del gobierno central español del reconocimiento de mayores atribuciones a la autonomía de Cataluña aunado a una efervescencia social, un momento de politización muy importante como lo fue el movimiento de los indignados, el 15-M. Las energías que convergen en las plazas el 15 de mayo de 2011 que se reproduce por todo el país desestructuran de algún modo la continuidad de la transición democrática española después de la muerte de Franco y de la instauración de una monarquía supuestamente democrática.

Ese 15-M que viene revolverlo todo, viene a politizar a una nueva generación. Para mí eso es una clave muy interesante. Hay une nueva generación en Cataluña que ha crecido y se ha socializado en democracia, tiene otras formas de hacer, otras formas pensar, otras formas de politizarse y de actuar en las calles.

Viendo lo que pasa en Cataluña, viviéndolo desde México, ya les digo transterrada desde hace veinticuatro años, no puedo dejar de entusiasmarme. ¿Cuál es el entusiasmo que nace al ver que la gente es capaz de organizarse barrio por barrio, colonia por colonia, pueblito por pueblito para defender unas urnas y unas papeletas para poder decir sí o no a la autodeterminación? Término tan interesante de pensar ¿qué es esto de la autodeterminación? El derecho a darnos nuestros propios derechos, a decidir la comunidad política en la que queremos inscribirnos. Piensen. Esto desde Kant cuando hablaba del entusiasmo por la revolución, cuando hablaba de la necesidad de la autonomía, Kant lo veía como un síntoma de que el humano estaba destinado a ir hacia una época de emancipación, tiene que ver con esa capacidad en la gente para rebelarse, para darse sus propias reglas, para no ser siervos, para tener autonomía, para tener la capacidad de darse un auto-gobierno. En ese sentido me parece que es interesante reflexionar ¿qué es la demanda de una comunidad cultural o de un territorio de exigir el derecho de auto determinarse?

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Y no es una cosa vana el tema de la auto determinación, sí se fijan incluso la ONU tiene el reconocimiento del derecho de libre auto determinación de los pueblos, a pesar de todas las restricciones que le imponen los intereses de los Estados. Esto es fruto de las luchas de liberación nacional, de las luchas contra el colonialismo ¿Qué es eso de un pueblo? ¿Para qué queremos crearnos? ¿Para qué quiere la gente auto determinación? Muchas veces la pregunta es ¿para qué otro Estado? Las preguntas son siempre preguntas abiertas, lo que sí podemos pensar es ¿se pueden refundar comunidades políticas? El 15-M nos dejó una enseñanza muy grande: la necesidad de refundar los aparatos de Estado, los aparatos de poder, las administraciones.

El salto al municipalismo con el 15-M fue muy interesante. Se formaron partidos que intentan acceder al poder político, Podemos, pero también se formaron coaliciones para el auto gobierno para acercarse a la capacidad de auto regularse en lo municipal, lo local, la importancia de la gestión de lo local.

Dentro de esa ola en Cataluña es evidente que aparece un nuevo empuje, un nuevo sujeto emancipador para no hablar de sujetos esencialistas. Un sujeto emancipador que estaba erigiendo otro eje, la necesidad de refundar una comunidad política, la necesidad de desligarse de otra comunidad política con la cual Cataluña no se ha sentido identificada ni respaldada, porque como les han explicado mis compañeros que me antecedieron, todos los intentos de Cataluña de conseguir mayor autogobierno, mayores prerrogativas, han sido canceladas por el gobierno español. La reforma al Estatut de Autonomía que se intentó hacer fue cancelada por el Tribunal Constitucional sobre todo porque aparecía una palabra. Por eso les digo son importantes éstas reflexiones, decía que Cataluña es una nación y en España no hay naciones, sólo hay una “grande y libre” lema del franquismo, del autoritarismo, del centralismo, de la necesidad de homogenizar, de anular diferencias y de no ver la necesidad de otros pueblos.

Una cosa que es terrible es la desventaja comparativa que tiene Cataluña frente al resto del Estado español. En Cataluña son siete millones de personas, es un país muy pequeño frente a los cuarenta y cinco pico millones de personas de lo que sería el resto del Estado español. Díganme ustedes si por procesos mayoritarios en algún momento se va a poder transformar la Constitución. En las votaciones no hay manera de conseguir una representación significativa del derecho de las comunidades a decidir sobre nuestra autodeterminación. Eso es un hecho incontestable y terrible.

Además tenemos que la diferencia cultural catalana es una diferencia política. En Cataluña no tienen ninguna posibilidad de conseguir mayoría ni el Partido Popular ni el Partido Socialista Obrero Español que son los dos partidos que se turnan en el gobierno en España, que son más o menos lo mismo. Ni al PSOE ni el Partido Popular les importa para nada quedar bien con los catalanes. Más bien entienden un único lenguaje que es el del aplastamiento de Cataluña porque eso además les da votos en el resto de España, promoviendo y auspiciando un nacionalismo distinto que no se ve tan claramente que es el nacionalismo español, de decir “ay nosotros los españoles somos tan chidos ¿por qué los catalanes no nos querrán?”.

Perdón por la caricatura pero creo que todo proceso de emancipación de un pueblo tiene que ser celebrado por todos los pueblos. En ese sentido me preocupa una falta de generosidad a veces de la izquierda, ya de los partidos de derecha no espero más porque son orden, ley y uniformidad, jamás pluralidad, jamás diversidad. ¿Pero de la izquierda mundial? Por eso les agradezco que estén aquí, que en México haya una sensibilidad hacia este tema. La voluntad de liberación de un pueblo nunca tiene que ser vista como una agresión, no como un apartamiento sino como una inscripción desde un proceso de auto afirmación para todos los pueblos.

Eso me gustaría apuntar y celebrar esta desobediencia civil pacífica, una especie de revolución en Cataluña, no una especie de revolución, es una revolución. Como le decían “la revolución de las abuelas”. Hemos visto a las abuelas defender como posesas las urnas y vigilando y poniéndose delante de la policía en una movilización sin precedentes de un pueblo.

Cuando tengamos que posicionarnos, a veces las tibiezas los matices pueden dejarse de lado en situaciones tan graves como la que se está viviendo en Cataluña. Frente a un gobierno central que sólo amenaza con la guerra, el Estado de excepción, tenemos un pueblo movilizado que merece ser defendido. Para mí no hay duda: siempre con un pueblo movilizado.

Y conste que jamás había pensado que la causa catalana como tal, desde la identidad catalana sería mi causa. Mi causa ha sido la zapatista, la libertaria, las causas por la emancipación, la causa de las mujeres lo será siempre pero ahora de repente digo: todos somos catalanes.

Y vámonos todos a la República Independiente de Cataluña.

El conversatorio completo puede verse en este enlace. https://youtu.be/CgVw-29J0aM

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