Te dolió una parte del cuerpo
que no sabías que existía.
La piel de la memoria.
Juan Villoro “El puño en alto”

Para recordar: ha pasado un mes desde la trágica fecha del 19 de septiembre. Un sismo atípico con magnitud de 7.1 grados sacudió los cimientos físicos y sociales de México. Varios estados resultaron severamente afectados: Guerrero, Oaxaca y Chiapas, que ya habían pasado un debastador 7 de septiembre por otro sismo de 8.1 grados, así como Morelos, Puebla, Estado de México y Ciudad de México. Todas estas entidades padecieron, y padecen aún, los estragos de una configuración corrupta y cínica que antepone intereses personales a necesidades nacionales.

Lo que sacudió a México no sólo fueron los derrumbes de construcciones matizadas de desamparo e impunidad, o las pérdidas de vidas humanas, que siempre son trágicas, o el caos social, siempre presente en los momentos mas críticos de una sociedad. También fueron el dolor, el miedo, la impotencia de saber que somos vulnerables ante la naturaleza. Fue también la constancia de confirmarnos desprotegidos, desamparados… desmadrados. Un momento osuro de conciencia adquirida por el instito de supervivencia.

Pero al igual que ocurrieron tantas desdichas aquel 19S, también sucedieron grandes acciones que dieron voz y dignidad a una nación que se daba por fallida: la cooperación mutua, la ayuda física y emocional, la amistad que se hace complice y coadyuvante en el silencio. Las lágrimas de los campesinos de Oaxaca y Guerrero, la de los habitantes de Puebla y Morelos, las de los niños y niñas en Tlaxcala, la de las costureras en Chimalpopoca, la de las compañeras laboratoristas en la calle de Puebla en la Roma, las de las vidas palpitantes de Álvaro Obregón 286, las de las familias en Petén y Zapata, las de los niños en el colegio Enrique Rébsamen… las de cada vida humana y no humana que dieron siempre un minuto más de esperanza para mirar al frente.

Salimos de la normalidad para entender que nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, las personas que nos desagradan porque escupen en la calle, aquellas personas que consideramos molestas porque nos vieron feo, las que nos empujan en el transporte público, las que hacen colas interminables en las taquillas del metro, de las tortillas y de la panadería son todas ellas personas que respiran y que también tienen miedo y al mismo tiempo coraje, y que muy probablemente son quienes te sacarían de los escombros de tu edificio, o te darían de comer, o donarían lo poco o mucho que tengan, o te darían un aventón para ver a tu famila, o una simple palmada en la espalda para dar un pequeño pero muy reconfortante aliento. Eso es salir de la normalidad, porque todxs, sin importar si se trata de albañiles, jubiladxs, arquitectxs, ingenierxs, abogadxs, maestrxs, estudiantes, ninis, trabajadorxs sexuales, trabajadorxs domésticxs, editorxs, psicólogxs, carpinterxs, hackers, riders, obrerxs, emos, cholxs, darks, dones, doñas, taxistas, y muchxs, muchxs, muchxs más, estarán para ver lxs unxs por lxs otrxs.

Por desgracia, a varios días del 19S pareciera que el gobierno y las personas corporativas que manejan los entresijos del país quieren regresar cuanto antes a la normalidad. Hacer de cuenta que todos los estados afectados están bien, un tanto dañados pero en vías de recontrucción, cuando realmente están al borde del colapso. La mierda de la clase política sin tocarse el corazón regresa a grito pelado a las obsenas votaciones del 2018, los presidenciables y su asqueroso proselitismo a su campaña, y el presidente a su normal estupidez (que en realidad nunca dejó de lado). La normalidad que ellos quieren es su normalidad ventajosa, gandalla y despiadada y es por ello que no debemos regresar a ella.

Te puede interesar:  #NoMamesQue Peña plagió su tesis

Han pasado algunas semanas del 19S y depués de este largo pero necesario desahogo, te damos nuestras 5 razones para no volver a la normalidad a pesar del tiempo.

  1. Porque no debemos permitirnos continuar alimentando a la corrupción. Es cierto que la burocracia es inquietante y desesperante, y evitarla ventajosamente puede traer consigo consecuencias que lamentarás en un futuro.
  2. Porque no debe fragmentarse una vez más la colaboración social. No sólo se trata de trabajar hombro con hombro para remover los escombros de un edificio, también es importante que las personas trabajemos todas hombro con hombro para remover los escombros sociales resultado de la impunidad y el engaño de las clases dominantes y “autoridades”.
  3. Porque demostramos que sin el “apoyo” del gobierno estamos más organizados. La mayor resistencia que encontró el gobierno para “limpiar” las calles fue la sociedad. Tomando un rol activo se puede incidir directamente en lo que por derecho nos toca decidir y participar.
  4. Porque nos tenemos que cuidar unos a otros. No hay mejor ejemplo de que a quién le importa una mierda lo que pase con la sociedad es a la clase política. Un festín de selfies, baño de pueblo, discursos tipo coaching manager y hasta acciones de buena voluntad, como donar un porcentaje de las campañas electorales no satisficieron la sed de poder de esta clase de subnormales. Está claro que ellos nunca pondrían en riesgo su seguridad, mucho menos agarrarían una pala para ayudar.
  5. Porque no nos podemos permitir olvidar. Una acción provechosa de quienes controlan las riendas del país es el olvido, pues no sólo distorsionan los hechos, hasta crean verdades históricas. Debemos recordar, no permitirnos olvidar jamás que en el 19S nosotros fuimos quienes estuvimos ahí, nosotros luchamos, cargamos, cocinamos, posteamos, informamos, verificamos, consolamos y permanecimos. La sociedad no fue testigo, fue partícipe principal, y olvidar eso sería un gran retroceso.

Por estas causas no nos permitamos regresar a la normalidad, nunca jamás, porque sería no aprender ni de las lecciones más dolorosas, como la del 19S.

The following two tabs change content below.