El socavón ocurrido el día de ayer en el paso exprés México-Cuernavaca, además de ser un hecho profundamente trágico por el deceso de dos personas trabajadoras (Juan Mena López y Juan Mena Romero), es una metáfora irónica y lamentable de la dirección que México tiene en este desastroso sexenio. Y es que no puede haber ni una de arena por las toneladas que ya van de cal. Enrique Peña Nieto, presidente de México (o comandante supremo, como a algunos les gusta nombrarlo) no ha dejado más que un incómodo silencio y una estela de incertidumbre ante una catástrofe que ha robado reflectores en las últimas 24 horas. Pero vaya que qué pinche oso de todo el gobierno federal, pues no basta con echarse la bolita los unos a los otros, que si fue la constructora, que si la gestión, que si fulano o mengana, sino que la evidente mudez de un mandatario que no para de ponerse los pies y ridiculizarse solo, no falta recordar que este paso exprés fue el mismo que meses atrás él mismo inauguró y del cual sacó provecho para autofelicitarse con mensajes de congratulación en las principales vías carreteras del país. Esos mismos mensajes, desde luego financiados con dinero público, ahora son retirados, no vaya a ser que alguien se dé cuenta. Como de costumbre, seguro el comandante supremo Peña está esperando a que ocurra algo más en Venezuela para consolidarse con su pueblo, o quizá está cerrando tratos millonarios para espiar a algún grupo opositor, o bien puede ser que al igual que con Trump, tenga problemas de audición y no hay alguien que le informe que el país que dirige está en un tremendo socavón. De mínimo que su CM dé un pinche tuit que nos haga saber que el muñeco sigue vivo. ¡NoMames!

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CDMX, 1987.
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