De la misma manera que existen obras del llamado arte contemporáneo que nos permiten dar un respiro a la abrumadora cotidianidad, existen expresiones que pueden ser fácilmente comparadas con la cocina molecular: un amasijo de formas transgresoras y convulsas, carentes de verdadera sustancia, donde lo orgánico es remplazado por lo artificial. Mi forma de entender esas expresiones del arte contemporáneo son como un fiel reflejo de la época que vivimos, cuyos principales pilares son la mercantilización, el individualismo, el hedonismo y la banalización. Algunas manifestaciones absurdas del arte objeto o del arte efímero responden a esa misma lógica, de igual manera que muchos performances cuyo tema resulta francamente incomprensible, o los poemojis, que son poemas donde el texto es sustituido por emojis o emoticones, de tal forma que el mensaje se vuelve un criptograma ininteligible.

Recientemente se ha suscitado un debate en las redes sociales debido a la controvertida obra del escritor Dante Tercero, la cual se compone de varios poemojis y le ha valido nada menos que una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Lo primero que pasa por mi mente son todos los talentosos poetas que, además de escribir en español lo hacen en sus lenguas originarias (náhuatl, maya, zapoteco, etcétera), y que no son reconocidos, mucho menos apoyados, por este tipo de instituciones. Pero está bien, supongo que los emojis son más importantes que el náhuatl, por decirlo de alguna manera.

Vayamos al grano, ¿son o no son poesía? Puede ser. La literatura abarca, en su sentido más amplio, a todas las formas de lenguaje escrito o hablado, la definición que más se acerca a la naturaleza de los emojis es la de escritura pictográfica, que es una forma de escritura rudimentaria empleada en el neolítico, que consiste en representar objetos, animales o situaciones por medio de pictogramas (signos o símbolos icónicos dibujados que pueden ser carácter realista o figurativo). A mi parecer, los poemojis carecen por completo del sentido estético que se transmite a través de las palabras, estériles en cuanto a retórica y fonética. Lo cierto es que leer la obra de Dante Tercero no es tarea fácil, entonces, ¿cómo criticar su contenido cuando ni siquiera podemos comprenderlo? Y es desde esa imposibilidad de comprensión que se generan abismos cada vez más grandes entre las obras incapaces de transmitir un mensaje claro para nadie más que su autor, y un público cansado de buscarle “tres pies al gato”.

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Hay quien dice que los poemojis pueden acercar a las nuevas generaciones a la poesía, como si esta se encontrara abandonada en un rincón, olvidada y llena de telarañas por desuso. Hace algunos años trabajé en un programa de fomento a la lectura, en el cual, con un presupuesto verdaderamente miserable, intentábamos hacer todo tipo de eventos y talleres que acercaran principalmente a los jóvenes y niños a los libros. Puedo asegurar que el desinterés por la lectura nace en el seno de nuestro obsoleto y arcaico sistema educativo, aquel que dicta que “la letra con sangre entra”, no en los jóvenes y los niños. Por ello, pienso que no debería ser la poesía quien se transforme para poder llegar a nosotros, sino que nosotros debemos transformarnos para poder llegar a ella, y romper así con la fórmula: inmediato + individualista + desechable = bueno.

Song Dong, Waste No

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Damien Hirst

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Eduardo Simón

eduardosimong@gmail.com

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2 Respuestas

  1. Omar

    Sería bueno que pusieras la cita del texto crítico respecto a los Poemojis del cual tomaste las ideas…

  2. Alejandra Altamirano Román

    Después de leer tu texto tengo sentimientos encontrados, coincido en tu crítica a los escollos del sistema educativo pero qué hay sobre las fronteras de la “literatura”?, ojalá puedas hacer una segunda parte de esta nota, aunque esta vez acerca de los comentarios que desató la publicación de los “poemojis” en las redes sociales y de manera particular, las amenazas y descalificaciones a la persona (Tercero), al margen de su obra.